Esta página describe el flujo de aprobación que Custodia Biométrica usa como modelo de referencia para movimientos de capital entre custodios institucionales. No es un proceso ejecutable en una plataforma: es una secuencia de decisiones que cada equipo de tesorería y riesgo debe adaptar a su propia política de quórum. Los pasos siguientes señalan dónde se elige entre operación rutinaria y movimiento excepcional, y qué se espera de cada firmante disperso.
El recorrido que describimos a continuación es un modelo de análisis, no un proceso ejecutable en una plataforma. Sirve para ordenar las decisiones que un comité de riesgos debe tomar antes de autorizar un movimiento entre custodios, sobre todo cuando los firmantes no comparten oficina ni huso horario.
Cada tramo del flujo plantea una pregunta concreta: qué se aprueba, quién debe confirmar, con qué evidencia y qué ocurre si alguien no responde dentro del plazo previsto.
El primer paso es decidir si el movimiento es rutinario o excepcional. Esa distinción no la fija el monto por sí solo: depende de la contraparte, del custodio de destino y de si la operación ya estaba contemplada en el mandato vigente. Un traspaso recurrente entre depósitos conocidos no exige el mismo tratamiento que una salida hacia una contraparte nueva.
Según la política interna, se establece qué firmantes deben confirmar identidad biométrica y presencia física por geolocalización. Para operaciones rutinarias suele bastar un umbral reducido con ventana amplia; para movimientos excepcionales conviene escalonar las confirmaciones y exigir verificación reforzada. La política debe quedar escrita antes de que surja la urgencia.
La geolocalización y la biometría se validan dentro de un intervalo definido. Ese intervalo acota el riesgo de reutilización de una firma capturada antes, pero también introduce fricción cuando un director está en tránsito o en una zona con cobertura irregular. Los umbrales se ajustan por tipo de operación, no con una regla única para todo el flujo.
Si un firmante no confirma dentro del plazo, la política documenta qué ocurre: si la operación se cancela, se reprograma o se activa un suplente designado. Esta decisión no puede improvisarse durante la urgencia. Dejarla por escrito es lo que evita que el quórum se convierta en una formalidad que nadie respeta.
El cierre del flujo deja evidencia: hash de la verificación, marca temporal y resultado de cada confirmación. Conservar la plantilla biométrica completa rara vez es necesario; basta con reconstruir quién aprobó qué y cuándo. Ese equilibrio entre trazabilidad y minimización de datos se decide al diseñar el registro, no después.
La verificación biométrica no sustituye la separación de funciones, la auditoría de accesos ni la revisión periódica de dispositivos autorizados. Un dispositivo comprometido o un firmante coaccionado siguen siendo vectores que ninguna capa técnica resuelve por sí sola. La biometría es una pieza del esquema, no la solución completa.